Dulces Sueños
Y al abrir los ojos, mi otra vida se desvaneció...
Esos viajes oníricos que nos hacen deambular por diferentes universos, atmósferas, vidas y personajes que en el trancurso de 5 o 6 horas mientras nuestro cuerpo está en una hamaca , cama o sillón, solos o acompañados, llenan nuestra vida consciente de manera singular.
¿Quién no se ha despertado abruptamente queriendo retornar a un sueño? Y ahí estamos cubriéndonos con la sábana y tratando de regresar, pero la mayoría de la veces hacemos esfuerzos inútiles.
Se dice de gente que goza de tener sueños lúcidos, tal vez sea mi envidia hablando pero una de las cosas que difruto es vivir mis sueños en esa incertidumbre, tal como la vida es, conociéndome contraladora las 16 horas en las que estoy despierta, apagó ese interruptor en los sueños y cedo el mando al inconsciente.
Los
sueños lúcidos o no, nos hacen vivir aventuras , algunas fantasías así como sufrir
cuando estamos en medio de una pesadilla. Esto me conduce a pensar que de
alguna forma nuestro inconsciente nos va preparando para los diferentes
escenarios en los que podemos estar involucrados en nuestro día a día para que
cuando nos toque vivirlos, reaccionemos de la mejor forma.
Bajo
ese argumento, ya estoy lista para una invasión de vampiros liderada por los
personajes de la serie Beverly Hills 90210, también para cuando una pulga de mi
gato se vuelva gigante y amenace al mundo, no sin antes sorprenderme por cómo se caen mis dientes y guardar
respeto cuando Kid el auto increíble me revele que él es Dios.
Los
psicoanalistas exploran los sueños de sus pacientes en busca de conocer sus
interpretaciones para que éstos les revelen mayor información, sin embargo con
el tipo de sueños que tengo no soy capaz de encontrar cómo se relaciona con mis
problemas de la infancia y de que mi madre no haya sido cariñosa.
Soñar
despierta, es mi fuerte, aventurarme en situaciones hipotéticas, sublimar mi
neurosis.
Y al final del día o en esa tarde calurosa disfruten y échense un merecido descanso
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